Los motores de los coches colocan de fondo un ruido
ensordecedor. Fernando Alonso esconde sus ojos detrás de unas gafas de sol. En
realidad la luz en el interior de la carpa no las demanda, pero el piloto no se
las quita en toda la entrevista. Así que cabe adjudicarles un rol publicitario,
quizás el mismo que la colección de anuncios que reparte por todo su cuerpo.
Tantos que no deja mucho Alonso al aire.
Renault pone las condiciones (15
minutos, ni uno más) y su advertencia suena convincente: una especie de
'comisario' se sienta a la derecha. La batería de preguntas se convierte en una
batalla contra el crono, a ritmo de Fórmula 1, a toda pastilla. Enfrente, el
deportista nacional de moda acompaña cada respuesta con una sonrisa fácil, con
pinta de espontánea, como si de verdad le hiciera gracia el personaje que vive
en sus afueras y en el que aún le cuesta reconocerse. Es Fernando Alonso, 22
años. La entrevista finalmente dura 20 minutos.
¿Vive en
una jaula de oro? Bien, pero prisionero al fin y al cabo. No, no creo.
Sí que tengo bastantes obligaciones y quizás mi vida no sea tan bonita como la
pintan. Pero no me quejo. Sé donde estoy y lo que espera de mí la gente. No me
agobio.
¿No se siente un juguete en manos de otros,
llevado de un lado para otro? Hombre está claro que tengo poca
libertad. La Fórmula 1 tiene muchos compromisos, muchos patrocinadores. Todo
bastante programado. Siempre hay gente contigo que te lleva de un lado para otro
y te tratan más como el piloto que como la persona. Pero, bueno, al Fernando
persona le tratan sus amigos y en mi tiempo libre. Yo sí sé diferenciar el
piloto de la persona, cuándo estoy con amigos y cuándo trabajando.
¿Tiene claro lo que se ha perdido o lo que se sigue
perdiendo? No, pero tampoco le doy muchas vueltas. He perdido un poco
mi adolescencia, estar con los amigos más veces o divertirme un pelín más. Pero
hago lo que me gusta desde muy joven. He ganado mucho más de lo que he
perdido.
¿Se ve como el de siempre o ya como el ídolo
que ven los demás? ¿Se le ha subido su personaje a la cabeza? Seguro
que no, seguro que sigo igual. No me veo como ven desde fuera.
¿Le asusta la dimensión que está adquiriendo su
personaje? No, porque tampoco me doy cuenta de qué dimensión estoy
cogiendo. Vivo día a día, hago lo que me gusta, y tampoco sé demasiado bien si
hay mucho interés por mí en España. No estoy mucho tiempo allí y cuando estoy, o
me entreno o me quedo en casa con mi familia. No sé muy bien hasta dónde llego,
pero no me asusta. Al revés, me hace gracia.
¿Le hace
gracia? Sí, porque no me veo. Si salgo a cenar con los amigos y viene
alguien nervioso a pedirme un autógrafo, pues me hace un poco de gracia. Le
coges y dices, 'tranquilo hombre, ¿qué quieres?'. Es casi como que hablan de
otro, es un poco raro.
¿Detrás de un superpiloto hay un
padre insensato? ¡A las velocidades que habrá corrido usted de
niño! No, hombre. Éste es un deporte extraño, pero hay más. En las
motos pasan cosas parecidas, los pilotos de avión seguramente empezaron a los 12
o 13 años a hacer sus prácticas... Es la vida. La pasión te empieza de niño. Y
los padres es normal que te apoyen.
¿Dejaría usted
correr a sus hijos a esas velocidades? Si a ellos les gusta, sí. No
les voy a obligar a nada. Que hagan lo que quieran.
¿Es
consciente de que se juega la vida? No. Nunca he sentido que me juego
la vida en un coche. Me juego la vida cuando voy tranquilamente al hotel, por si
te sale un camión o si hay algo. Me la juego mucho más que en el
circuito.
¿Para que ser piloto hay que estar
loco? Un poco, sí. Pero para cualquier cosa.
¿Siente miedo al volante? No, ninguno. El miedo se siente
cuando no estás al control de la situación, cuando estás sobrepasado. La primera
vez que te subes a un fórmula 1, el coche, por bueno y rápido, te puede y no
tienes su control. Ahí sí puedes sentir miedo, y la reacción automática es ir
más lento. La primera vez que te montas en un Fórmula 1 tardas dos minutos en
hacer una vuelta. Hasta que no tienes la confianza necesaria y tienes el control
en la mano, no tiras realmente. Nunca tiras hasta el punto de ser temerario. Los
coches mejoran y la sensación tope de velocidad no nos llega.
¿Cómo percibe la velocidad? De ninguna manera, no sé. No
hay nada concreto.
¿Cómo la percibe usted? Cuando voy en
coche, en el estómago. Bueno, sí. Aquí a veces notas como que la
cabeza se te va a girar. El casco pesa bastante al final de recta, cuando
frenas. Hay muchas fuerzas, entonces cuando das una curva, agarra tanto el coche
que la cabeza intenta irse hacia el otro lado. Tenemos que hacer bastante
entrenamiento, pero nada más.
¿Cuál es la parte del
cuerpo que más debe entrenar un piloto? El cuello.
¿También se ve el más rápido cuando conduce en la
calle? No. Ni llego antes que los demás.
¿Cómo
la pasa su madre cuando usted sale a correr? Bien, bien, está
acostumbrada. Quizás el momento peor para ella sea la salida. Me lo dice.
Estamos todos demasiado juntos... Y a partir de ahí ya sabe que si el coche no
tiene problemas voy a acabar la carrera. Y empieza a disfrutar.
¿Recurre a ayudas ajenas? No, ni oraciones, ni amuletos, ni
nada.
¿Lo de Rossi sería posible a la inversa? ¿Si usted
se montara en una moto haría un tiempazo? Bueno, los tiempos de Rossi
tampoco los he visto y nadie ha hecho un comunicado oficial. Todo es de boca y
las versiones son diferentes. Desde que se ha quedado a diez décimas de
Schumacher hasta que se ha quedado a cinco segundos. Unos dicen que ha dado 20
vueltas, y otro que 80. No se sabe al final cuánto ha hecho y cuánto no ha
hecho, pero bueno, subirse en una moto y hacer buenos tiempos sería bastante
difícil para nosotros.
¿Y podría Schumacher montarse en
un coche peor y seguir ganando? No, en la Fórmula 1 eso no se podría
hacer. No. Schumacher lleva ocho años en Ferrari y ha ganado los últimos cuatro.
Antes miraba cómo ganaban los demás. Sólo porque Ferrari no era el mejor coche.
Y aquí no hay nada que hacer. Hay demasiadas diferencias.
¿Le conviene mirarse en la decadencia de Maradona por si
acaso? Sí. Pero cada deportista tiene su manera de ser. Puedes caer
en el error de estar arriba y bajar demasiado rápido, o nunca verte arriba...
Depende de cada uno.
¿Se protege de los
aduladores? Sí, los tengo bastante localizados.
¿Está preparado para cuando le vengan mal dadas y le
derribemos? Sí, estoy preparado. Por eso no estoy en España. Porque la
prensa extranjera es más tranquila y fría. Ni se emocionan tanto al subir a un
ídolo, ni son tan crueles al derribarlo. Pero bueno, no se sabe hasta dónde va a
llegar mi carrera profesional, cuánto va a durar. Y aquí por mucho que te
entrenes... No es como un atleta, o un tenista, que cuando más se entrena, mejor
es. Aquí dependes de un coche. Y por eso tampoco me preocupa demasiado. Cuando
me tiren abajo, no voy a tener yo toda la culpa. Y cuando gane carreras tampoco
yo voy a tener toda la culpa. Aquí la historia se reduce a que tengas un buen
coche o un mal coche. No hay más.
¿Eso les libera de la
sospecha del dopaje? ¿A quien hay que vigilar es al coche? Sí, aquí si
alguien se dopa es el coche. En la Fórmula 1 no existe ningún tipo de
preocupación. El físico no te ayuda a mejorar tu rendimiento en la
pista.
¿No decían que un piloto debe ser un superdotado
físico? Más que un físico portentoso, lo que hay que tener es un
físico adecuado para aguantar una carrera, que sí, es mucho más duro de lo que
se puede pensar.
¿Cuándo se dio cuenta usted de que era
algo especial? Nunca.
Pero se cree el
mejor. Yo no me creo el mejor. Lo que pasa es que si me preguntan si
me considero peor que fulanito, digo que no. Si me considero que soy peor que
Trulli, por ejemplo, mal voy. Si salgo a la pista creyendo que soy peor... No es
que me crea mejor y que los demás no son nada. Pero nunca he notado algo
especial en mí.
¿Cree de verdad que va a ser campeón del
mundo o es una cosa que hay que decir, que forma parte de esta
película? No es que lo crea. Pero bueno, tengo 22 años, me quedan unos
cuantos años en la Fórmula 1 y sin ese objetivo es difícil tener la motivación
justa. Si vas a salir a una carrera a ver qué pasa, a que todo es igual, pues
mal. A nadie le gusta perder, a nadie le gusta que le pasen, a nadie le gusta
que le saquen un segundo por vuelta. Siempre tienes que ir al máximo, quieres
ganar. Y decirte voy a ser campeón del mundo. Siempre me lo digo.
En las motos, hay pilotos que le tocan el freno al de al lado. ¿En la
Fórmula 1 también se lleva la marrullería? No, aquí nadie; vamos
demasiado rápido, sería peligroso hacer una maniobra así. No haces nada extraño.
Lo que pasa es que, si no comértelo, sí que a veces intentas adelantar a uno más
agresivamente porque te ha cerrado en una curva. A algunos pilotos les tienes
ganas y en carrera te calientas fácilmente.
¿Se lleva
mal con muchos? No cuando acaba la carrera. Una veces lo haces tú,
otras él. Son casi sin querer.
¿Y con quién se lleva
mejor? Con Trulli, que es mi compañero, paso muchas horas. Con Montoya
y Barrichello, porque hablan español. Con Michael, también. Hay cuatro o cinco
pilotos que nos llevamos bastante bien.
¿Qué hace cuando
no está al volante? Nada especial. Estar tranquilo, escuchar música,
estar con los amigos, ir al cine, jugar al fútbol. Cosas normales de un tío de
mis 22 años.
¿Le habría gustado ser futbolista antes que
piloto de Fórmula 1? No, futbolistas hay demasiados y pilotos, 20. La
sensación de ser especial se siente mucho más aquí. Un tío de Fórmula 1 es un
privilegiado. Ser uno de los veinte te llena mucho por dentro.
¿Al margen de conducir bien qué faceta hay que cuidar para sobrevivir
aquí? Los idiomas, aquí todo el mundo habla inglés. Y cuidar... No sé,
tus reacciones, tu relación con la prensa. Ser natural, tú mismo.
¿Se aburre? No, aburrirme, no. Todo el tiempo libre que
tengo lo ocupo en hacer deporte y preparación física, que me encanta. La parte
más pesada son los viajes. Me busco cosas para no aburrirme. Pero bueno, sí
tengo mucho más tiempo muerto que una persona normal.
¿Qué le fascina más de este mundo? Conducir el coche. Cada
vez que me subo es una sensación única, difícil de explicar.
Es un adicto de la PlayStation. ¿Tiene que ver con su pericia para
pilotar? Nada que ver. Yo juego porque paso mucho tiempo solo. Pero es
que además el de Fórmula 1 no es el juego que se me da mejor; se me dan mejor el
fútbol y al baloncesto, gano siempre.
¿De pequeño, qué
le pedía a los reyes? Cosas para karts. Y si me regalaban unas botas o
un volante era el niño más feliz del mundo. También pedía balones o una raqueta,
demasiadas cosas, pero me hacía más ilusión un casco.
¿Era un bicho raro en el vecindario? No, de niño era como
los demás. Todos teníamos aficiones similares. Fue de adolescente cuando me
empecé a alejar de las costumbres de los demás.
Pero la
Fórmula 1 no le gustaba. No es que no me gustase, es que no había
interés. En España ni había carreras por la tele, ni noticias. Yo corría en
karts. Me gustaban más que la Fórmula 1 porque era lo que hacía yo. Quizás ahora
los niños tengán más información. La Fórmula 1 es más conocida.
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