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Ayrton Senna da Silva nació en San Pablo, el 21 de
marzo de 1960, y en sus 34 años de vida se encargó de dejar una huella
imborrable en el automovilismo mundial, al
conquistar
tres títulos de Fórmula Uno con su manejo privilegiado. El brasileño
nació en el seno de una familia adinerada, lo que le permitió tener el
privilegio de disfrutar de un Kart desde los cuatro años.
De chico tuvo problemas de coordinación, y tenía los pies demasiado
grandes para su edad, lo que incluso fue motivo de burlas de parte de
sus compañeros de jardín.
Como para calmarle la angustia que esas bromas le generaban, su padre
decidió entonces regalarle un Kart a los cuatro años, y a partir de ahí
su pasión por los automóviles fue cada vez mayor.
No sólo le gustaba manejarlo, sino que era capaz incluso de desmontar
sus piezas y repararlas; en todo momento sabía lo que pasaba en el auto
que manejaba.
Siempre tuvo como máxima aspiración ser piloto de Fórmula Uno. El camino
fue largo, pero finalmente lo consiguió, y de una manera casi
inigualable.
Su trayectoria profesional es implacable y sólo su desenlace trágico
evitó que se convirtiera en el más grande de la historia.
Tanto en
sus inicios en los karts en Brasil como en la Fórmula Ford 1600 y la
Fórmula 2000 Europea, Ayrton siempre se dedicó a cosechar varios
campeonatos, que le abrieron las puertas a la Fórmula Uno, donde en poco
tiempo se convirtió en el ídolo de miles de fanáticos en todo el mundo.
A lo largo de sus diez años en la máxima competición, Senna se fue
convirtiendo en un mito viviente, gracias a su espectacularidad a la
hora de conducir en cualquier circuito y ante cualquier clima. Dio
cátedra bajo la lluvia, se cansó de ganar carreras y lograr pole-positions
(aún mantiene el record en este rubro), alzó tres títulos y protagonizó
un fantástico y recordado duelo con el francés Alain Prost, aún cuando
ambos conformaban el equipo McLaren.
Siempre fue "el candidato de todos" para superar el record de cinco
títulos mundiales que por esos años poseía su amigo Juan Manuel Fangio,
quien siempre confesó sus deseos de que Ayrton fuera el que lo supere y
con quien lo unía una admiración mutua y un particular afecto.
Sin
embargo, las vueltas del destino le prepararon una tragedia inesperada.
El 1º de mayo de 1994, en el Gran Premio de Imola, Senna se despistó en
la séptima vuelta, justo en la curva Tamburello, chocó contra el muro de
contención y pocas horas después murió en un hospital de Bologna.
Su muerte consternó al mundo entero y Brasil todavía se viste de luto
ante la magnitud de la tragedia. Se trataba más que de un deportista.
Era un ídolo para sus compatriotas y todo el país se identificaba con
él. Tres meses después, la selección de fútbol le dedicó al malogrado
automovilista el tetracampeonato logrado en el Mundial de Estados
Unidos.
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