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Dios perdona, Ferrari no. La
escudería italiana cumplió ayer el prepotente lema de la pancarta que presidía
la tribuna de meta de Monza. Su impresionante doblete (y van ocho) fue esta vez
más duro que nunca para sus rivales. El ganador, Barrichello (primer triunfo del
año para él), se impuso en el GP de Italia después de salir con una monta de
neumáticos contraria al resto, y con una parada más. Y el segundo clasificado,
Schumacher, acabó en el podio después de remontar treinta segundos desde el 16º
lugar. Se había marcado un trompo en la primera vuelta. De los mortales, nos
queda el nuevo podio de Button y la lucha excepcional de Alonso, que se salió
cuando era tercero.
En una jugada similar a la de Magny-Cours, a Barrichello le hicieron
detenerse una vez más para que se pusiera líder (en ese momento era cuarto). Con
la pista libre, sobrevoló el circuito y se aseguró el triunfo con una vuelta
rápida que es el nuevo récord del trazado (1:21.046). Hubo invasión de pista y
se celebró una fiesta que estuvo en peligro tras unas primeras vueltas
frenéticas con un circuito lleno se humedades.
Justo en ese momento, cuando lo que
más importa es el talento de los pilotos, surgió el mejor Fernando Alonso.
Eligió ruedas de seco, como todos menos Barrichello y caganini Coulthard.
Minutos antes de la carrera, en una parrilla llena de tensión, Nano ya lo
avisaba: Las dos primeras variantes tienen agua, así que será arriesgado montar
neumáticos de seco. Como siempre, cuando se metió en el coche se olvidó de todo
y decidió pasar en medio de Montoya y Schumacher, dos pilotos reconocidos por su
escasísima agresividad. Se puso segundo, mientras Rubens Barrichello se marchaba
con sus neumáticos de agua a un ritmo de más de tres segundos por
vuelta.
El
trazado se secó un poco, Alonso le quitó parte del color rojo al Ferrari en una
gran pasada y marcó cinco vueltas rápidas consecutivas. Era líder y todos nos
frotábamos los ojos. Fue un arranque que recordó al de Australia 2003, con el
R23 número ocho adelantando como un loco. En circunstancias como las de ayer hay
pilotos que se esconden, o que esperan a que escampe para lanzar un ataque
demoledor.
Ese
fue el caso de Button, que le arrebató la primera plaza al español gracias a las
cuatro vueltas que se pasó de más en la pista, y a que en seco y repleto de
gasolina el R24 era inconducible.
Por si fuera poco, el español fue
estorbado por el acoso al que le sometió Schumacher que, después de cometer un
error indigno de su clase, estaba sacando lo mejor de su repertorio. En
cualquier caso, el Kaiser debía meterse a repostar unos kilómetros después. La
carrera se quedó en un emocionante tira y afloja entre Button, Alonso, Montoya y
Barrichello. Los cuatro juntos.
Pizzonia, a 369,9 km/h. Después del segundo repostaje,
Pizzonia estorbó a Alonso. Para el desbocado brasileño, queda el honor de haber
batido el récord de velocidad de un Fórmula 1, con 369,9 km/h. Con Rubinho
líder, el español lanzó un ataque a Button. Iba pegado a él luchando por el
podio cuando entró demasiado rápido en la segunda variante, hizo un trompo y
acabó en la grava. Era la única forma de llevar al cajón un coche con el que
Trulli acabó décimo. Digan lo que digan, los comisarios no movieron un dedo por
empujar el coche y le arrebataron así la posibilidad de acabar entre los cuatro
primeros.
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