El motor en Monza

 
Monza es quizás el test definitivo para un motor de Fórmula 1. Aunque el periodo de tiempo en el que la aceleración es máxima no es el más alto del año, este es un circuito que no ofrece ningún respiro al motor y donde no existen secuencias de curvas lentas en las que el motor pueda trabajar en un régimen bajo de vueltas. La carga que sufre el motor es la más severa de la temporada, ya que los pilotos van con el acelerador pisado a fondo durante el 70.7% de la vuelta, con lo que el promedio de velocidad alcanza los 260 kph, el más alto de todo el año. La media durante la temporada es de 220 kph, mientras que el promedio de velocidad más bajo del calendario lo encontramos en Mónaco con 160 kph.

De hecho, este es el circuito donde la potencia pura de motor tiene una mayor influencia. En Monza, el periodo de tiempo durante el cual se le exige el máximo rendimiento al motor es el más largo de todo el campeonato, ya que el piloto le exige esa respuesta máxima al motor durante el 71% de la vuelta, tal y como indicábamos antes. Este porcentaje tan alto durante el cual el acelerador va pisado a fondo implica que la potencia desempeña un papel mucho más importante en Monza que en cualquier otro circuito. De hecho, en un trazado como el de Mónaco, la aceleración máxima sólo se produce durante un 40% de la vuelta. Sin embargo, la propia naturaleza del trazado de Monza hace que este circuito esté entre los que menos penalizan a la hora de llevar más combustible: 0.31sg por cada diez kilos extra de gasolina en el coche.

Pero Monza no es un circuito que presente un único desafío a los motores. Las chicanes de baja velocidad también exigen un motor progresivo, que sea capaz de administrar bien su potencia y que le permita a los pilotos trazar la trayectoria correcta en curvas tan estrechas como Retifilo y Roggia.

Por otro lado, las chicanes pueden poner en peligro la fiabilidad de los coches cuando estos pisan los pianos de la pista. El coche está sujeto a importantes aceleraciones verticales y muy a menudo las ruedas traseras pierden el contacto con la pista. Eso puede provocar que el motor se pase de revoluciones, que intervenga el limitador o incluso que se produzca una avería en la transmisión. Igualmente, la suspensión también se ve sometida a una gran presión y los componentes accesorios del motor sufren unos desplazamientos tan importantes que pueden llegar a ser dañinos para su buen funcionamientos (las bombas de aceite o el alternador, por ejemplo).

Los entrenamientos de la semana pasada en Monza nos permitieron empezar a determinar algunos elementos claves para este próximo Gran Premio, como por ejemplo la relación de marchas o las necesidades de refrigeración. Pudimos solucionar parte del trabajo que normalmente llevamos a cabo en las sesiones de entrenamientos del viernes y el sábado por la mañana, así que eso podría provocar que el próximo fin de semana el número de vueltas en esos ensayos se vea reducido. Sin embargo, eso no nos autoriza a construir un motor 'especial para Monza' con un kilometraje reducido. Además, no olvidemos que cualquier cambio en las condiciones de la pista o la climatología nos obligaría a efectuar un programa completo como el de todos los viernes, o incluso a rodar más de lo habitual como ya nos sucedió en Spa. Los únicos cambios que introduciremos en el motor serán algunos elementos en su montaje, que ya han sido probados previamente tanto por lo que se refiere a su fiabilidad como a su rendimiento.