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| El rendimiento del Renault de Fernando Alonso ha caído en
picado en las cuatro últimas carreras, eso no es ningún secreto para cualquiera
que siga incluso por televisión las pruebas de Fórmula 1. El bajón de
rendimiento ha llegado en el peor momento, cuando la batalla por el segundo
puesto con BAR-Honda entraba en su fase determinante y cuando la batalla por la
renovación de Trulli ya se había roto, con la marcha del italiano a Toyota, algo
que en Renault sabían hace casi tres meses. Fernando se ha quedado solo en la
defensa de los intereses de la marca del rombo, pero eso tampoco hubiera sido
problema con un coche al nivel competitivo que demostró en la primera mitad de
la temporada.
Lo que no estaba previsto era la batalla de intereses que
se ha abierto en el mismo seno del equipo Renault, una crisis que tiene
enfrentadas desde hace dos meses a las dos grandes factorías de la escudería de
Fórmula 1: la de Enstone (encargada de diseñar y fabricar los chasis,
carrocerías, electrónica y transmisiones) y la Viry-Chatillon (donde se elaboran
los motores que monta el R24).
La comunicación parece inexistente desde
hace un tiempo entre ambas plantas, con cruce de acusaciones mutuos sobre el
descenso en prestaciones del coche que pilota Fernando. El R24 nació con un
defecto de guiabilidad evidente, mucho menos dócil que sus dos antecesores.
Entre las dos facciones del equipo se han culpado de esta circunstancia, tantas
veces advertida por los pilotos. En Enstone creen que es culpa del motor, cuyo
paso del ángulo abierto de 111 grados a los 72 actuales ha elevado su centro de
gravedad, lo cual afecta al coche en el paso por curva. Por el contrario, en
Enstone creen que es una cuestión del chasis y de la evolución aerodinámica, que
no ha sido la adecuada, mientras que ellos han elevado la potencia hasta los 900
CV, equiparándolo con el resto de grandes monoplazas de la parrilla.
El
caso es que en la planta de motores están casi parados, por esa falta de
entendimiento y lo están en una fase en la que no sólo había que rematar las
evoluciones del 2004, sino tener casi a punto el nuevo motor de 2005, que entró
en el banco de rodaje en agosto.
Panorama poco
alentador La crisis interna se refleja hoy en las carreras para
desgracia de Fernando, pero deja peores interrogantes aún para el año próximo.
Será el primer coche que no diseñe Mike Gascoyne (hoy en Toyota) y el primero
realizado en su integridad por el que era su segundo, Bob Bell. En la cúpula del
equipo se empeñan en afirmar que en 2005 batirán a Ferrari. Alonso opinaba sobre
este punto: "Yo no soy tan optimista, pero si mi jefe lo dice habrá que
creerle", expresaba diplomático, consciente de lo complicado que son tales
objetivos.
En cuanto a los técnicos, Paul Monaghan, el ingeniero jefe del
coche de Fernando, afirmaba tras la carrera de Japón que "el coche es
sencillamente lento, estamos lejísimos de BAR ahora mismo". Sobre las razones,
el británico no quería culpar a nada en concreto: "No es cuestión de motor, sino
todo en general, chasis, ruedas, reglajes...". El panorama no es nada alentador.
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