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Joan Villadelprat, que ha
ocupado puestos de responsabilidad técnica en escuderías como Ferrari, Benetton
y Prost, cuestionaba ayer en El País la conveniencia de los comentarios que
habitualmente Fernando Alonso realiza sobre su coche o su equipo. No me
atrevería a disentir de un especialista de su prestigio y cualificación sino
fuera porque, en mi opinión, el asturiano nunca pone excusas, tan sólo intenta
explicar cómo le han ido las cosas en carrera, por qué no ha conseguido un mejor
resultado y dónde está el margen de mejora. Villadelprat dice que no es lógico
criticar al equipo cuando se ha estado luchando por el podio; pues yo creo que
es cuando menos respetable si quien lo hace tiene la única ambición del
triunfo.
Reconozco que Alonso es un piloto con carácter. Sí, el carácter de los
ganadores, de los que no se conforman nunca, de los que buscan la perfección, de
los que no creen que haya rival imbatible. Y esa personalidad les crea en
ocasiones problemas, porque suele coincidir que tampoco la diplomacia deslumbra
entre sus virtudes. Seguramente que en Renault no caigan bien a veces las
apreciaciones de su piloto, pero sinceramente yo prefiero ese inconformismo y
rebeldía a la mansedumbre de los mediocres. Porque Alonso salda sus deudas (si
las tiene) en la pista. Tarde o temprano, ojalá lo segundo, demostrará que su
talento sólo precisa de los medios adecuados para cuajar. Y entonces, no lo
duden, ya no habrá peros...
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