Un coche incondicible

 

Minutos antes del GP de China había cierto ambiente para presenciar algo grande. Tracas asturianas en las gradas, una ancha recta para adelantar, Schumacher saliendo desde el pit lane y la estrategia más adecuada: dos paradas. En Renault pensaban que BAR-Honda iría a tres detenciones, como Barrichello y Kimi, pero la triste realidad es que el coche anglo-japonés volaba con más gasolina que los demás. Así que el podio no pudo ser, pero por lo menos Alonso cumplió con nota su obligación: logró la cuarta plaza con el décimo coche más rápido de la parrilla en prestaciones. Ese es su puesto en la lista de vueltas rápidas. La de Villeneuve, que hizo una carrera horrorosa, fue el 17ª.

Los primeros metros de la prueba sirvieron para disfrutar de la especialidad de Alonso. Se lanzó pegado al muro adelantando de una tacada a Ralf, que ni le vio, Button y un muy agresivo Massa. Con él se hizo toda la primera curva en paralelo. Sin ese golpe de genialidad, lo más normal es que hubiera terminado sexto y para casa.

Barrichello se impuso y aguantó la presión de los Michelin en un gran premio que debió ganar Raikkonen si hubiera hecho sólo dos paradas. Pero al finlandés le pudo el buen ritmo de Jenson y la estrategia adecuada de los BAR. Hoy por hoy, el coche anglojaponés está por delante de Renault. Y ya les separan nueve puntos en la clasificación de constructores.

Schumacher completó una carrera llena de incidencias, con un pinchazo y un trompo incluidos. Su remontada se quedó en un decepcionante duodécimo de dieciséis que terminaron. Salió de boxes por su cambio de motor y de estrategia.

Incidente de Ralf.
Su hermano Ralf fue bastante rápido hasta que sucumbió a su habitual costumbre de pilotar sin retrovisores. Iba cerca de Alonso y era su gran amenaza. El asturiano se pegaba con un monoplaza inconducible cuando iba repleto de gasolina, mientras Ralf y Coulthard se le acercaban. Entonces el escocés intentó un adelantamiento imposible, y más con un personaje como el germano. Se lanzó muy de lejos y ambos se tocaron. Lo vi y fue un respiro, dijo Fernando, que se quedó con la pista despejada para terminar cuarto. Lo siguiente fue un esperpento, Ralf sintió algo parecido a la suspensión rota. Pidió meterse en boxes, hicieron el repostaje de Montoya y dos vueltas después vieron que el coche sólo tenía la rueda mal. Pero él no quiso volver. A David, noveno al final, se le pinchó la rueda y entonces el pequeño de los Schumacher, colorado como un tomate, se puso a gritar ¡Stop, Stop!.

Ahora, cuando Alonso se va en viaje de descanso a Hong-Kong y después a Singapur y Manila, es tiempo de reflexión. Sobre por qué siguen subiendo la potencia del R24 sin que mejore su nervioso comportamiento. O por qué no prueban con tres coches a la vez desde hace dos meses. ¿Ser segundos de marcas obligaría a luchar sí o sí por el título en 2005? Sin necesidad de ser tan malpensados, con McLaren y BAR por delante y Williams a un paso, los podios están cada vez más caros.