Cuando aún no se ha recuperado
de los 26 muertos que causó el tifón Bart el pasado mes de septiembre, Japón se
prepara para recibir otro fenómeno natural, aunque por suerte de menores
dimensiones. Se trata de la tormenta tropical Ma-On, que se dirige desde el mar
de Filipinas hacia las costas niponas a una velocidad de 70 km/h. Para
entendernos, su grado de virulencia está un escalón por debajo del de los
tifones. Para la noche del viernes está prevista su llegada a tierra firme. No
se espera que golpee de lleno a Suzuka (pasará por el oeste), pero si cambiara
algo su dirección, los 80 km/h de viento y la fuerte lluvia impedirían la
celebración del gran premio el sábado y el domingo. En cualquier caso, todos los
pronósticos afirman que la cola de esta tormenta traerá fuertes lluvias, y eso
complicará aún más el estado de una pista ya de por sí delicada. Sobre todo para
la calificación. Ya el año pasado se disputó en esta superficie y Barrichello
voló hasta alcanzar la pole.
No es la primera vez que las fuerzas
de la naturaleza amenazan el gran premio. En 2000, las casetas del paddock se
tambalearon mientras los pilotos disputaban los entrenamientos libres. Fue un
terremoto de cuatro grados en la escala de Richter. Por suerte, sólo se trató de
la onda expansiva de un seismo de grado ocho ocurrido a 350
kilómetros.
Esperemos que esta vez tampoco pase nada. La lluvia favorecería aún más a
los neumáticos Bridgestone de los Ferrari. Por eso Michael Schumacher promete
victoria. Tiene ganas porque lleva tres grandes premios sin subirse a lo más
alto del podio, y la de Shanghai fue la peor clasificación de su vida deportiva
en la F-1: En China casi todo nos salió mal, alguna vez tenía que ser. Para
Suzuka voy a dar todo lo que tengo para conseguir la victoria. Nuestra temporada
ha sido excelente y no me entra otra cosa en la cabeza. Esa es la grandeza de
Ferrari, que aún tenemos hambre.
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