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De las 5000 victorias obtenidas por Ferrari en las carreras de automóviles,
las que han convertido a la marca italiana en una auténtica leyenda, son las que
lleva disputadas en la Fórmula 1 desde el inicio del Campeonato Mundial de
Pilotos en el año 1950. No existe un solo lugar en el mundo por el que haya
pasado el circo itinerante de esta especialidad, en el que los miles de
seguidores de los colores rojos de la "Scuderia", no acudan en masa atraídos por
la magia del equipo de Maranello.
Relacionar de forma puntual las victorias de los monoplazas Ferrari, y de los
pilotos que los llevaron a la victoria en los 51 años transcurridos hasta la
fecha, sería tarea imposible. Determinar cual de todas ellas fue la más
brillante o meritoria, mucho menos. Alberto Ascari en los años 1951 y 1952, Mike
Hawthorn en 1958, Phil Hill en 1961, John Surtees en 1964, Niki Lauda en 1975 y
1977 y Jody Scheckter en 1979, fueron todos Campeones del Mundo de la Fórmula 1
con un coche Ferrari.
Otros famosos pilotos también proporcionaron días de gloria a la marca aun
sin obtener el título: Jacky Ickx, Gilles Villeneuve, Didier Pironi, Clay
Regazzoni, Patrick Tambay, René Arnoux, Gerhard Berger, Alain Prost, Nigel
Mansell, son algunos de los afortunados que a lo largo de su carrera tuvieron el
privilegio de competir al volante de un Ferrari.
Para un piloto
profesional, ser llamado a Maranello para integrar el equipo italiano, se ha
considerado siempre un honor. Cuando el británico Nigel Mansell recibió la
noticia de que Enzo Ferrari quería contratarle para disputar el mundial en 1989,
hizo una declaraciones a la prensa que reflejan de forma muy expresiva hasta
donde llega el deseo de cualquier piloto por pertenecer a Ferrari. "Ser llamado
por Enzo Ferrari, es como ser llamado por el Papa, y llegar a Maranello es como
llegar al Vaticano". Aunque un tanto exagerado, el comentario refleja una
realidad que todavía era más patente en vida del "Commendatore".
Uno de los más grandes pilotos que han existido, el brasileño Ayrton Senna,
muerto en accidente en el circuito italiano Enzo y Dino Ferrari, en 1994, nunca
llegó a ser piloto de la marca Italiana, pero sus biógrafos y los que le
conocieron bien, sabían que, entre sus sueños más acariciados, figuraba el de
terminar su carrera en el equipo del "Caballino", algo que ya en una ocasión a
punto estuvo de lograr.
Pero el hecho más reciente y espectacular, al
repasar la historia de esta marca- probablemente la que más pasiones despierta
entre sus admiradores y aficionados de todo el mundo- fue su último título
mundial, logrado en el circuito japonés de Suzuka en octubre del 2000, con el
piloto alemán Michael Schumacher, después de que Ferrari hacía 22 años que no lo
conseguía.
Durante tan largo periodo de tiempo, es fácil imaginar lo que
Enzo Ferrari- acostumbrado a ver ganar a sus coches- vivía desde el modesto
despacho de Maranello, cada vez que la falta de rendimiento de los monoplazas,
los errores de sus pilotos, los accidentes, o la mala fortuna, le dejaban todos
los años sin posibilidades de renovar el tan ansiado título.
Pero el
destino no permitió que el "Commendatore" disfrutase en vida de lo que, sin
duda, fue su último deseo, y se marcho, en silencio, en pleno Ferragosto, en un
Módena desierto, quién sabe sí con la amargura de no haber podido contemplar
como el "rosso" de sus amados colores alcanzaba el más preciado de los
títulos.
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