La ropa inifuga

En los años cincuenta, la Fórmula 1 era heroíca y cruenta. Equipados con una indumentaria sport, de algodón, en caso de incendio los pilotos se convertían en auténticas teas humanas. No fue hasta los setenta cuando la inclusión de los primeros tejidos ignífugos permitió que Niki Lauda, por ejemplo, pudiera salvar la vida. La creación de la fibra sintética Nomex hace treinta años y su perfeccionamiento en la última década ha provocado que Fernando Alonso y el resto de sus compañeros de parrilla cubran su cuerpo en cada carrera con un auténtico salvavidas. Los test a los que obliga la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) son muy exigentes, e incluyen someter al traje a una llama de 820 grados de temperatura durante diez segundos.

Durante cada fin de semana, el español utiliza cuatro monos de competición. No los estrena, sino que se van rotando durante todo el año. Después de cada gran premio, son revisados y, si hay algún tipo de roto o pequeño descosido, se cambian inmediatamente por otro nuevo por el bien de la seguridad.

Los que están bien son reutilizados para entrenamientos. Entre los de las estrellas y los mecánicos, se suelen fabricar cada año 250 monos. El precio es una incógnita porque al piloto realmente no le cuestan un solo duro. Al contrario, forman parte del acuerdo que tiene Alpinestar con Alonso, Montoya y Raikkonen, por citar sus tres puntales en la Fórmula 1.

Su valor se calcula en torno a los 2.000 euros por mono y en la elaboración de cada uno de ellos trabajan veinte personas en la factoría de la marca en Treviso.

Un día tarda en fabricarse el traje, y en él no se permite ni el más mínimo margen de error: "La exactitud es la máxima de nuestro trabajo", explica Giampiero Sanders, responsable de diseño. "Empezando por las medidas que tomamos a nuestros pilotos, entre 25 y 32, según sea su morfología, para que no haya un solo error. Sus cifras se insertan en un programa de ordenador, que nos permite hacer un patrón en tres dimensiones". Un molde informático de Alonso, para hacernos una idea.

El Nomex del que se compone en su mayor parte el mono se prende sólo a partir de 380ºC y no se funde. El mono se compone de tres capas. La primera, en contacto con el verdugo interior (el mono blanco que llevan de ropa íntima), es lisa, suave al tacto y permeable para permitir la transpiración del piloto.

La segunda pone el acento sobre la protección contra el fuego y el calor. Y la tercera cumple con los imperativos en decoración y seguridad. Los logos de los sponsors deben ser igual de resistentes y son cosidos a mano sólo en esa última capa para no propagar el calor. Para hacer cada prototipo anual se tardan tres días.

La introducción del collarín de seguridad HANS en 2003 obligó a cambiar la composición de los monos, cuyo peso no debe superar nunca los dos kilos.