El circuito brasileño de Interlagos es pequeño, ratonero, bacheado y, cuando
llueve, deslizante y peligroso. Pero, sea por estos defectos o por casualidad,
ha albergado en las últimas temporadas carreras emocionantísimas. El año pasado
acabaron diez pilotos, y uno de ellos, Fernando Alonso, en el hospital, sin
poder disfrutar en el podio de su trabajado tercer puesto. Curiosamente, esta
temporada ha sido una de las pruebas menos 'destructivas', hasta el punto de que
sólo tres pilotos -Button, Heidfeld y Webber- no pasaron bajo la bandera
ajedrezada, aunque probablemente todos coincidirán en incluirla entre las más
difíciles. Es el tributo de Interlagos, todo un clásico.
Ganó Juan Pablo
Montoya, que destapó el tarro de las esencias y demostró, al fin, todo lo que
lleva dentro. El piloto colombiano ha bregado toda la temporada con un irregular
Williams-BMW, lastrado por un trabajo de desarrollo que ha incluido pasos
adelante y atrás y que se ha cobrado víctimas ilustres. Resulta chocante que sea
al final, en la última carrera, la última también de 'Juancho' como piloto de
Williams, cuando llegue el triunfo. Tras él terminaron Raikkonen, que vendió
cara su derrota; Barrichello, que aspiraba a mucho más antes de la salida, y
Alonso, que estuvo una vez más muy por encima de su mecánica y llegó a
permitirse el lujo de liderar la carrera.
La
climatología, protagonista La climatología marcó la prueba. Los
pronósticos anunciaban lluvia y ésta llegó con puntualidad británica: media hora
antes de la salida. Empezaron entonces los nervios de los responsables de los
equipos, que añadieron al habitual dilema de ir a dos o tres paradas en boxes el
de elegir entre neumáticos de seco o de mojado.
Los de Renault se la
jugaron y salieron con gomas para asfalto seco, lo que frustró la habitual buena
salida de Fernando, que completó la primera vuelta en una insólita decimoséptima
posición. Pero el cielo empezó a abrirse y el asfalto a secarse a velocidad de
vértigo, como cabe esperar en la Fórmula 1, lo que obligó a casi todos los
pilotos a pasar por boxes para adoptar, con retraso, la estrategia de Renault.
Conclusión: para asombro de todos, Fernando se puso líder en la vuelta séptima.
La 'samba' de Interlagos tiene estas cosas...
Durante algunos giros dio
la sensación de que el asturiano podía subirse a lo más alto del 'cajón', pero
fue un espejismo; su Renault no podía competir, ni de lejos, con los otros
monoplazas punteros, y a pesar del acierto en la elección inicial de las gomas y
de ir a sólo dos repostajes fue perdiendo tiempo sobre sus rivales hasta
afrontar el último tercio de la carrera en una más que meritoria cuarta
posición, la misma en la que ha acabado el Mundial, conteniendo los ataques de
Sato y los hermanos Schumacher. Incluso se dio el gustazo de superar a Ralf, que
una vez más sucumbió a la presión, la misma que Fernando sabe 'gestionar' con
maestría.
Espectáculo en Jaguar Ese último
tercio de la carrera fue magistral. Delante, Montoya y Raikkonen pelearon a
muerte por la victoria, siempre decantada a favor del colombiano, que notó en
muchas ocasiones el aliento del finlandés, y más atrás, tras un Barrichello que
navegó en solitario rumbo al tercer puesto, un 'grupo salvaje' formado por
Alonso, Sato y los hermanos Schumacher. ¿Cabe más igualdad? Lo más llamativo
fue, tal vez, ver a Michael acabar en séptima posición una carrera que comenzó
mal -salió decimoctavo- e incluyó un espectacular trompo. Claro que peor le
fueron las cosas a Button, que se retiró en la primera vuelta con problemas de
motor, y a Webber, que también tuvo que bajarse antes de tiempo de su Jaguar
tras chocar contra... su compañero de equipo. Para nota.
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