Fernando Alonso tuvo que emplearse a fondo en el Gran Premio de Brasil para
mantener su cuarto puesto en el Mundial de pilotos. El asturiano, que llegó a
liderar la carrera hasta realizar su primera parada en boxes, concluyó cuarto en
Interlagos, el mismo puesto que pudo conservar en la clasificación general de
pilotos, algo que se le ponía muy cuesta arriba al comprobar que su máximo rival
en esa lucha, el colombiano Juan Pablo Montoya, ganaba la carrera en un
apretadísimo final ante Kimi Raikkonen.
La última prueba de la temporada
de fórmula 1 mantuvo vivo el interés y la incertidumbre hasta el último metro.
Sólo el buen hacer de Fernando Alonso permitió al piloto asturiano no arrojar
por la borda lo que tanto trabajo le había costado conseguir a lo largo de todo
el año, aunque su cuarto puesto final deja un agradable sabor de boca porque
certifica la progresión del ovetense en este peculiar deporte.
La
carrera se complicó para todos antes de la salida por culpa de la lluvia que
caía. El agua llevó a casi todos los equipos a decantarse por neumáticos mixtos
que evitaran los patinazos y el temible aquaplaning. En cambio, en Renault se
mantuvo la idea inicial de utilizar los neumáticos para seco. Esto pareció un
error al principio, pero se reveló como decisivo para el desenlace final. En la
salida Alonso no pudo hacer su habitual remontada, ya que sus gomas patinaron
más que las del resto. De la octava posición de partida pasó a quedar desterrado
en la decimoquinta plaza, siendo rebasado por aquellos coches con ruedas de
mejor agarre. Sin embargo, en cuatro vueltas el ovetense comenzó a recoger los
frutos del acierto en esa elección. No llovió más, la pista se fue secando y
Alonso empezó a marcar vueltas rápidas. Rodaba más veloz que ninguno y su
escalada no se hizo esperar. El resto de escuderías, viendo que el tiempo se
estabilizaba y los neumáticos para agua eran mucho más lentos que los lisos,
ordenó a sus pilotos que entraran a boxes a cambiar gomas. El desfile fue
continuo y la pérdida de tiempo en realizar esa operación, también. Al no tener
que hacerlo, Alonso quedó con la pista libre y rodando en cabeza, con los
Montoya, Raikkonen, Ralf, Sato y Barrichello, detrás.
Ahora faltaba
acertar en otra estrategia, las paradas en boxes para repostar gasolina. Pero el
rodar con agua las primeras vueltas mermó el rendimiento de los neumáticos del
ovetense, que tuvo que entrar al «pit lane» cuatro vueltas antes de lo previsto,
con lo que todo ello acarreaba, es decir, no pudo seguir rodando por delante y
marcando el ritmo de vuelta.
Tras 18 giros a la pista de Interlagos,
Fernando Alonso entraba al box como líder. Eso permitió a sus rivales apretar y
tomar la ventaja necesaria para superarlo. A partir de ahí se desarrolló otro
tipo de carrera. Montoya, máximo rival de Alonso en el Mundial de pilotos, se
había puesto al frente de la prueba y eso quería decir que el ovetense tenía que
acabar cuarto como máximo si no quería perder la cuarta plaza del Mundial. Tras
realizar todos el primer repostaje, Alonso rodaba tercero, tras Raikkonen.
La segunda parada en boxes, por tanto, se iba a revelar como decisiva
para mantener esas posiciones de privilegio, porque por detrás venían apretando
coches y pilotos del nivel de Barrichello, Ralf, Sato o Schumacher. Y, en
efecto, esa segunda entrada a repostar apretó muchísimo las cosas. Barrichello
ganó una posición en perjuicio del ovetense, quien, a su vez, tenía pisándole
los talones a Sato, Ralf y Schumacher. La emoción iba en aumento no sólo por lo
apretadas que estaban las cosas del cuarto al séptimo puesto; también porque en
cabeza la ventaja de Montoya respecto a Raikkonen era de décimas, ni siquiera un
segundo, aunque al final el colombiano salió airoso.
Alonso supo
aguantar el tipo ante un coche mucho más potente como era el BAR Honda de Sato.
Entre 3 y 7 décimas era la diferencia que separaba la cuarta plaza de la quinta.
Justo por detrás Michael Schumacher, que había hecho un trompo al inicio de la
prueba cuando estaba en plena remontada, acosaba a su hermano. Los emocionantes
duelos que se vivieron no variaron sustancialmente las cosas. Montoya ganó la
carrera y llegó a acariciar el cuarto puesto del Mundial, pero Alonso supo
defenderlo con uñas y dientes con su cuarto puesto ayer. Raikkonen tuvo que
conformarse con el segundo puesto y el local Barrichello, tras su «pole»,
consiguió al menos subir al tercer cajón del podio. Sólo Ralf Schumacher pudo
remontar un puesto al adelantar a Sato a dos vueltas del final y con eso puso un
coche de por medio ante su hermano Michael, que acabó séptimo.
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