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Renault contará con un presupuesto a la altura de los mejores
de la Fórmula 1, aunque aún está algo lejos de los 500 millones de Ferrari o los
400 de Toyota, el equipo de Fernando Alonso se aproxima, con sus 300 millones a
otros ilustres como McLaren-Mercedes y Wiliams-BMW y se situaría en la quinta
posición en cuanto a recursos disponibles para esta temporada. Si lo comparamos
a entidades deportivas se podría codear con las más ilustres del planeta como el
Real Madrid en fútbol o Los Ángeles Lakers en la NBA.
De los 300
millones, unos 60 proceden del patrocinio. Aproximadamente, 30 de la tabaquera
japonesa Mild Seven, 9 de Telefónica y el resto de la extensa nómina de sponsors
que luce el nuevo R-25. A ello hay que sumarle la cantidad desconocida del
reparto que Bernie Ecclestone realiza entre las diez escuderías del campeonato,
un reparto de sus beneficios que funciona de manera proporcional a los puntos
conseguidos cada año y a las cuotas de pantalla en la televisión, pero cuyas
cuantías son tan misteriosas como lo que hay al otro lado de un agujero
negro.
Los ingresos por mercadería también son una parte importante.
Desde la llegada de Fernando Alonso al equipo como piloto oficial en 2003, las
ventas de sus productos oficiales se han disparado por seis a causa del tirón
del español en todo el mundo.
Podríamos estar hablando de unos 100
millones de ingresos por el equipo y 200 de gastos sufragados directamente por
Renault y que no proceden más que de los coches de calle que fabrica la primera
constructora de Europa y la cuarta del mundo. Un simple dato resulta
sobrecogedor: Renault España obtuvo en 2003 (los datos de 2004 serán públicos a
finales de mes) unos beneficios netos de 176 millones de euros, tras fabricar
700.000 vehículos (200.000 vendidos en España y 500.000 para la exportación).
Esta cantidad aún no serviría para pagar las facturas de Esntone y Viry,
gestionadas por el presidente de la F-1 Patrick Faure.
Pese a todo,
Renault está echando el resto en su proyecto deportivo, aunque este año se
antoja clave para el futuro. La temida llegada de Carlos Goshn como presidente
de la compañía en abril no afectará de momento a la F-1, garantizada por el
máximo mandatario del grupo Renault-Nissan. Patrick Faure cesará en sus
funciones de vicepresidente ejecutivo de la compañía y su labor queda ahora
adscrita a la gestión de la escudería. Sin resultados espectaculares en 2005 es
difícil que un mago de las cuentas como Goshn acepte un cargo tan gravoso por
demasiado tiempo.
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