| La nueva normativa para los motores en 2005 (un motor para dos Grandes Premios)
hizo nacer grandes inquietudes sobre las estrategias de los equipos que podrían
intentarse sacrificar un V10 si uno de sus pilotos se coloca mal en carrera, a
fin de tener un nuevo motor para la carrera siguiente.
Un bloque sustituido antes de la carrera dará como resultado perder 10
lugares en la parrilla de salida a su víctima, mientras que un motor roto en
carrera podrá sustituirse para la carrera siguiente, sin que su piloto tenga que
observar penalización alguna.
Existe otra laguna del Reglamento, y no menor: algunos pilotos podrán
intentar beneficiarse de un motor para la última manga del campeonato (que
podría determinar el título de campeón), que podría concebirse especialmente
para durar el espacio de este evento final y nada más. En consecuencia este
motor podría desarrollar una mayor potencia con relación a sus rivales.
Max Mosley no piensa que esta clase estrategia sea la norma. "Si algo se
hace voluntariamente, lo sabremos". "Y cuál será la ventaja si el piloto
está en 9ª posición", explica el Presidente de la FIA sin convencer, "la
realidad es que será necesario que el motor y el coche estén ambos regulados
enteramente para eso y la ventaja no sería tan grande. Reflexionamos sobre las
roturas de motor que podrían producir en la vuelta de honor, pero no pensamos
que esta hipótesis se de. Si ocurre más de una vez tendrá aire sospechoso ya que
estadísticamente eso no ocurre a menudo y deberíamos entonces pedir a los
Comisarios examinar la cuestión con detenimiento".
El hecho es que bastará con romper un motor con buen juicio y en el buen
momento, sin repetir la operación al infinito para sacar ventaja. Si el título
se juega por dos o tres puntos, la más mínima ventaja no será despreciada por
los equipos. |