Fernando Alonso sufrió más en el podio del circuito de Sepang que durante las 56
vueltas que duró el Gran Premio de Malasia, al terminar deshidratado por el
esfuerzo, el fuerte calor -37 grados centígrados- y la avería del
dispositivo para poder beber durante la carrera.
Alonso, que se había bajado sin problemas de su Renault R25, subió al podio
tras saludar y abrazarse al director del equipo Renault, el italiano Flavio
Briatore. Al llegar al podio, el piloto asturiano sufrió una bajada de tensión y
cuando sonaba el himno de España se inclinó hacia adelante y puso sus
manos en las rodillas.
Con 'La Marsellesa', himno del país del constructor, ya ni siquiera podía
tenerse en pie y se puso en cuclillas. Así aguantó, a duras penas, hasta
que llegó el momento de que el primer ministro de Malasia le entregara el trofeo
de vencedor.
La tradicional ceremonia del rociado de champán en esta ocasión quedó
reducida al mínimo, porque Fernando Alonso no podía con la botella 'magnum'
de 3 litros y, apenas abierta, la dejó en el escalón más alto y se retiró a
recuperarse del esfuerzo realizado en el 'infierno' malayo.