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Al margen de las marcas y el dinero, la Fórmula-1
es un deporte. Es verdad que todo es una incógnita hasta que ondea la bandera a
cuadros, pero algunas cosas se adivinan de antemano. Una de ellas es que los
coches calzados con Michelin tienen ventaja, y el Renault los utiliza. Otra es
que las dudas sobre la fiabilidad de un motor de estreno, caso de Renault esta
temporada, parecen despejadas. Y la tercera -no menos importante- es la que
tiene que ver con el cronómetro. Ese pequeño aparato ya ha dictado sentencia:
Alonso y su R25 pueden estar y están entre los grandes.
Con un centro de
gravedad muy mejorado, el comportamiento de la nueva arma de la escudería
francesa es fiable. El conjunto, unido a unos neumáticos en perfecta cohesión,
hacen que el asturiano gane como lo hizo en Malasia. Y, mientras Ferrari pone
apunto el nuevo F2005 y Bridgestone realiza un sobreesfuerzo para frenar el
inesperado dominio de su competidor Michelin, los de la marca del óvalo suman
puntos importantes de cara al título final.
Porque, de momento, lo más
impactante este año en la Fórmula-1 ha sido el paso adelante dado por Renault.
Las dos victorias consecutivas ajustan al mínimo las dudas sobre la fiabilidad
de su nuevo proyecto, que ha comenzado engordando las diferencias en medio del
tembleque de los rivales.
Apagadas las luces de Sepang, el equipo
francés ha regresado tranquilamente hacia Europa a probar nuevos elementos,
pero, dado el buen rendimiento actual, no introducirá sustanciales novedades en
la próxima carrera, tan sólo ligeras mejoras aerodinámicas. No obstante, se
trabaja ya en un nuevo y evolucionado chasis para la cita de Montmeló, que fue
evaluado de forma muy satisfactoria esta semana, con el que espera asestar otro
golpe importante a todos sus rivales.
De hecho, el R25 ya sorprendió
desde su presentación por su diseño aerodinámico, que, sumado a un propulsor más
potente, carente de vicios ocultos y con capacidad de evolución -en el Gran
Premio de España se presentará una primera versión mejorada del mismo-, han
convertido al Renault en un coche rapidísimo. Fernando, por ejemplo, marcó el
quinto mejor crono en la carrera de Malasia, pero el mejor en la vuelta
ideal.
Mientras los franceses se frotan las manos, la escudería del
'cavallino rampante' paga su presunción. Pensó que le bastaría con adaptar su
viejo coche del año pasado, que se mostró imbatible en aquel entonces, para ser
nuevamente los mejores. La fórmula otras veces le había dado resultado, pero no
ahora, ya que sus rivales se han mostrado más atentos y preparados en este
arranque de campeonato. Aunque Williams y McLaren tampoco están para tirar
cohetes, el problema es que la reacción de los italianos sólo podrá llegar de la
mano del tan anhelado F-2005, pero éste sólo es una parte de sus problemas. La
otra son las gomas.
El dominio aplastante de los bólidos rojos se ha
volatizado y han surgido nuevos equipos y pilotos en condiciones de luchar por
la victoria y desbancar a los inicialmente claros favoritos a un podio al que
parecían abonados en las últimas temporadas.
Toyota es otra de las gratas
sorpresas. Parecía que no llegaría nunca, pero en Malasia encontró por fin su
primer podio, que aporta una necesaria dosis de tranquilidad a un equipo que
este año se juega el ser o no ser en la F-1. Mike Gascoyne, fichado a golpe de
talonario a Renault, respira, al igual que Jarno Trulli. No tanto su otro
piloto, Ralf Schumacher.
Y qué decir de Red Bull, una escudería
prácticamente desahuciada el pasado invierno. El millonario austriaco Dietrich
Mateschitz compró el equipo a Ford, lo salvó de la desaparición y ha conseguido,
con un gran apoyo económico, unos resultados extraordinarios, que les han
permitido colocarse terceros en el Mundial de constructores, por delante de los
mismísimos Ferrari. |