| |
|
SCHUMACHER ESTA RABIOSO | |
|
La configuración de la parrilla de salida de Bahrein dibujaba el primer gran duelo de la historia entre el maestro Michael Schumacher y su alumno aventajado Fernando Alonso. El alemán, en un esfuerzo supremo con su nuevo F2005 y yendo muy descargado de gasolina, había conseguido quedar segundo en la crono, siempre detrás del azul radiante del asturiano. El esperado duelo no tuvo color. Lo ganó Alonso de principio a fin. El «káiser» apuró en la primera curva al final de la recta de meta cuando los semáforos rojos se apagaron, pero el español supo aguantar con tronío y frialdad, afrontó con mejor trazada la segunda curva y, a partir de ahí, comenzó a enseñarle la matrícula al heptacampeón. Schumacher aprovechó que su Ferrari iba con menos peso en combustible para tratar de achuchar, pero Alonso lo mantenía a raya con medio segundo de ventaja y una estrategia mejor porque iba a parar bastantes vueltas después que el «káiser». El gran duelo duró hasta la vuelta 12 cuando el alemán, desesperado al no poder con el nuevo rey de la Fórmula 1, se salió en la curva 10; recuperó para regresar a pista, pero su coche estaba tan dañado que entró al box y dio por concluida la batalla con una derrota sin paliativos. A partir de ahí Fernando Alonso lo tuvo fácil. Detrás estaban Jarno Trulli -como en Malasia- y Webber. El Toyota y el Williams BMW están hoy por hoy a bastante distancia del Renault, pero como no convenía fiarse el ovetense mantuvo un buen ritmo de carrera hasta su primera parada a repostar. Lo hizo con el tiempo suficiente como para no verse agobiado en su liderato. A media carrera estaba ya muy claro quién iba a ganar, salvo avería o reventón. Por eso Alonso corrió con una enorme inteligencia. Sabía que su compañero Fisichella se había visto obligado a abandonar por una avería mecánica. Dio al botón de bajar las revoluciones del motor, no forzó más la mecánica y reguló tanto su ventaja en tiempo como el desgaste de los neumáticos para prevenir cualquier contratiempo. Como por delante la cosa estaba tan decidida que incluso parecía una carrera aburrida, otro español, Pedro Martínez de la Rosa, se dedicó a animar la carrera. El catalán estuvo magnífico porque protagonizó varios adelantamientos, el último a dos vueltas del final ante Webber, y concluyó quinto. Además, se llevó el título honorífico de hacer la vuelta más rápida en carrera, arrebatándosela así a Fernando Alonso, que hizo la segunda más rápida. La otra imagen de la carrera estuvo en el Ferrari de Barrichello, que se hundió a mitad de recorrido, acabó noveno y fue adelantado incluso por el Sauber de Massa y el Red Bull de Coulthard. Increíble pero cierto. |