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CRONICA DE UN DIA |
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El líder del Mundial llegó al circuito de Montmeló antes de las ocho de la
mañana. Fernando Alonso madrugó mucho, tanto que, dada la ausencia de tráfico a
esas horas, apenas tardó media hora en llegar del hotel al escenario de la
carrera, donde lo primero que hizo fue desayunar para afrontar con fuerzas un
día tan histórico para él como para el automovilismo español. Antes de salir a la sesión cronometrada, en la que fue tercero y pasó a ocupar la misma posición en la parrilla de salida, Fernando estuvo reunido con los ingenieros para trazar la estrategia de carrera y descansó un poco. Después de la cronometrada comió y recibió al Rey, que le acompañó hasta los boxes, donde el asturiano se sumó al resto de los pilotos y dio la vuelta de honor al circuito en un camión habilitado para mayor resplandor de esa ceremonia. Los aplausos del público y los gritos de ánimo pusieron la carne de gallina a Fernando, pues sabía que tenía tras de sí a toda la afición española. Por eso corrió a refugiarse en el «motor home», donde recibió la visita de Alejandro Echevarría, presidente de Telecinco, y de José María Bergareche, vicepresidente consejero delegado de Vocento. Después, comenzó a desear que comenzara pronto la carrera. Mediante una rápida carrera llegó hasta el box para enfundarse el casco, momento en el que sintió un considerable alivio. Se acercó a la parrilla de salida y allí se encontró con tal nube de fotógrafos que Briatore en persona se encargó de que le hicieran sitio. Fernando no podía casi ni caminar en torno a su monoplaza. Hacía calor, mucho calor. Alonso se quitó el casco, atendió a Telecinco y se fue raudo al servicio, un rito carrera tras carrera. Volvió a la parrilla de salida con el tiempo justo para ponerse el casco. Así se quita un poco de en medio. Don Juan Carlos no quiso dejar de saludar a Fernando antes de que iniciara la carrera: un golpecito en el casco y un apretón de manos sellaron un deseado hasta luego que se vio cumplido 66 vueltas después, cuando volvieron a encontrarse en el podio. Luego, a la sala de prensa y a atender a las televisiones antes de poder cambiarse y ducharse en su camión vivienda. Después de una penúltima rueda de prensa, el helicóptero salvador le rescató y le condujo al aeropuerto, donde tomó un vuelo privado con destino a un par de días de descanso. Dentro de nada, el circo comienza de nuevo en Montecarlo. Por segunda carrera consecutiva el piloto español llevaba sus novedosas botas de color plata con el número 5 en el interior. Su conocida manía por no cambiar algo cuando le da buena fortuna tenía continuidad en este calzado tan peculiar: «Va a seguir conmigo, lo único que hay que utilizar unas nuevas más a menudo porque son muy delicadas y se arañan constantemente». |
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