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LOS AFICIONADOS MANDAN |
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Fernando Alonso
cogió su fusil. Puede parecer que contra todos, pero en realidad se
trata de demostrar quién manda aquí. De devolver las andanadas de
presión lanzadas por Ferrari desde que comenzó la temporada. En Renault
están mosqueados con la milagrosa recuperación de los bólidos rojos, y
por eso Fernando usó a conciencia la palabra trampa, aunque ayer la
matizó: "Me he referido a que vulneran el espíritu de este deporte al
realizar tantos entrenamientos. A que no juegan limpio". Es decir,
quiere que aten en corto a Schumacher y Barrichello como lo han hecho
con BAR, que sí han sido investigados y excluidos. En el seno de la escudería francesa piensan, sin decirlo públicamente, que la adhesión incondicional de Montezemolo a la prolongación de la F-1 actual (el Acuerdo de la Concordia hasta 2012) puede traer alguna que otra vista gorda. Al margen de las pruebas privadas constantes de la escudería italiana. Aunque sus palabras destilen amargura, su objetivo también es atacar sin límite a la prensa del corazón. A los fotógrafos que le vigilan con teleobjetivos desde fuera de su hotel. Y a aquéllos que intentan enriquecerse con su imagen. Es verdad que se echa en falta algo más de entusiasmo ante la gran fiesta que vamos a vivir este fin de semana, pero Fernando es así. 29.000 personas se congregaron ayer en la línea de boxes de Montmeló para verle en busca de un autógrafo. Se trata de un récord en la jornada del jueves (el anterior era de 22.000 espectadores en 2003, puente de mayo). Tuvieron que quedarse con un saludo desde su box, y una firma para los fans enfermos en silla de ruedas. Todo esto entre gritos de euforia al verle a cinco o seis metros. Llevaban en el circuito desde las diez de la mañana y eso fue todo lo que pudieron disfrutar al filo de las cinco de la tarde. No se acercó más a las vallas por miedo a las avalanchas. A falta de su ídolo, comenzaron a corear el nombre de Antonio Lobato, la tele manda y su imagen es inconfundible, e incluso el de algún otro miembro de la prensa escrita. Lo que rodea a la F-1 es una locura. Lo que al asturiano le preocupa más es que la gente haga guardia a la puerta de su hotel, o que se bajen de autobuses para pedirle un autógrafo. Ahora mismo su figura es algo más grande para los aficionados de lo que Michael Schumacher es en Alemania. Se trata del Bisbal de las carreras. Y toda esta euforia de banderas españolas y de Asturias llega en la quinta carrera del año del cinco. Que debe dar suerte para lograr un cuarto triunfo consecutivo que podría considerarse ya como algo legendario. Estamos viviendo un momento único, en la quinta temporada en Fórmula 1 de un piloto que lleva 55 carreras en el Mundial. Un gran premio que van a ver 115.000 personas, por algo será. Si de tiempo hablamos, ayer descargaron las últimas gotas de lluvia de la semana. Se espera sol y calor para el fin de semana. Será la primera carrera del año en la barrera de los 25 grados de temperatura ambiente. Con 17 grados y humedad, Ferrari y Bridgestone mandan; con 38 grados o más, Michelin ya ha demostrado su superioridad. La teoría dice que las ruedas que lleva a Alonso serán superiores con una temperatura mayor. Lo único malo es que también serán las mismas de unos McLaren que cada vez están más fuertes. Dotados de un gran chasis, aquí llevarán piezas aerodinámicas y un mejor motor para luchar por la victoria. Con permiso, claro está, del dictador Alonso, que estrena evolución B de motor como gran novedad (10 CV más) y unos pequeños deflectores. |