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Fernando Alonso logró ayer en Alemania su cuarta victoria del año, un triunfo que le catapulta en sus aspiraciones al título mundial

Un sueño hecho realidad. Una frase que pronunció ayer Fernando Alonso nada más bajarse del coche y que certificamos. Nadie, ni el más optimista, podía imaginarse antes de que se iniciara el campeonato que, cuando se han disputado sólo siete de las diecinueve carreras previstas en el calendario, Fernando habría ganado cuatro, sumaría seis podios y tendría 32 puntos de ventaja.

Los números, evidentemente, asustan. Impresionan. Su trayectoria en este campeonato era inimaginable, superando con creces las mejores previsiones y, día a día, está construyendo una base cada vez más sólida que le tiene que llevar hasta el título mundial. No hay que lanzar las campanas al vuelo, hay que seguir tocando con los pies en el suelo, como hace el propio Alonso, pero es una evidencia que el piloto asturiano, de sólo 23 años, ha puesto la directa hacia el campeonato.

Michael Schumacher parece incapaz de poder luchar por sumar una octava corona y, después de cinco años de insultante dominio, las puertas están abiertas de par en par para sus herederos. Fernando Alonso, lógicamente, es el mejor colocado. Su coche, ayer, como ocurre desde Imola, no era el mejor, ni el más rápido. La diferencia fue el piloto, otra vez. El asturiano impartió otra lección.

Dos victorias consecutivas de Kimi Räikkonen, en Barcelona y Mónaco, y sus tres últimas poles, le convertían en la referencia de Fernando Alonso. De hecho, este campeonato parece para uno de los dos, aunque el asturiano ha tomado la delantera. Y de qué manera. Ayer le asestó un duro golpe al finlandés, que acabó estrellándose contra el muro por no rendirse a la evidencia.

La diferencia entre uno y otro piloto está ahí. Alonso en Mónaco supo ser cuarto cuando podía no haber acabado la carrera al quedarse sin neumáticos. Räikkonen, ayer, con problemas en la suspensión después de su salida de pista, no valoró que su rival le ganara. Se lo jugó a una sola carta, trató de aguantar su posición llevando el coche al límite de sus posibilidades y acabó el riesgo asumido contra un muro.

Fernando Alonso, indudablemente, sumó algo más que diez puntos. Dio un golpe moral a su rival, al que le ha hecho ya un 'siete' en la clasificación. En siete carreras acumula ya 32 puntos a su inmediato perseguidor, es decir, tiene un colchón de tres carreras para poder administrar esta suculenta ventaja con comodidad mientras sus rivales tienen que seguir subiéndose por las paredes para recortarla.