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Así fue... | |
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Me puede la
emoción. Escribo y no sé qué contar. Fernando Alonso se puso ayer el
título mundial tan a tiro, que a casi todos nos atenazan los nervios.
Su victoria, que puede producirse ya dentro de una semana en Spa, será
algo más que una gesta, se tratará también de la reivindicación de un
país alejado tradicionalmente de esta locura de despilfarro y
tecnología llamada Fórmula 1. El asturiano firmó ayer en Monza un
segundo puesto hermoso, después de una carrera al 120%, persiguiendo y
siendo perseguido, con un coche casi un segundo más lento que el de sus
rivales. Soñando con la victoria hasta el final. De todos los grandes
premios de este inolvidable 2005, Italia quizás haya sido el de
pilotaje más brillante del ovetense. Intercambió vueltas rápidas con Montoya en el inicio de carrera y le sacó 28 segundos a Raikkonen antes del primer repostaje. En ese primer tercio de carrera demostró porqué debe ser el nuevo campeón. Ganó el colombiano de Madrid, fenomenal por él. Fisichella terminó tercero para euforia de Renault y Kimi, cuarto. Alonso, 103, Kimi, 76. Son 27 puntos de ventaja con cuarenta en juego. Sólo se necesitan catorce, aunque gane todas el huracán de Espoo, para cantar el alirón. O, simplemente, una ventaja de cuatro en la próxima carrera. Lo más normal es que el título se decida en Brasil, pero, entre tanto, que le den el Príncipe de Asturias. La talla de ganador del piloto de Renault se vio también en la tranquilidad que tuvo cuando se encontró con el actual finlandés volador, que se coló en una chicane delante del español. Le cedió la posición recién ganada, pero lo hizo sólo unos metros, para molestia de Nano. Desenfrenado, Kimi se preguntaba porqué no podía alejarse más deprisa de aquella sombra azul cargada de gasolina. Pat Symonds estableció la estrategia del español para hacerle salir de ese primer repostaje justo delante de Ralf y Raikkonen (entonces sexto) y estorbarle. Más tarde, en la vuelta 28, un suceso marcó la caída casi definitiva del piloto de McLaren. Prácticamente, su adiós al título. La rueda trasera izquierda se le degradó tanto que tuvo que entrar a cambiarla. A Montoya, que iba más despacio, el sanmartín del compuesto le llegó más tarde. En su afán por tener un coche supersónico, la escudería germanobritánica erró en la puesta a punto, con un monoplaza demasiado sobrevirador. Este hecho, junto al increíble peso que llevaba el coche número 9 (iba a una sola parada) y la habilidad de los pilotos de plata para torturar los compuestos con todos los pianos, determinaron otro presunto caso de mala suerte. Ajeno al desaliento, Iceman siguió con su maximum attack. Tan deprisa, que cometió un error en la segunda variante y tuvo la buena fortuna, esta vez sí, de no quedarse tirado en la grava. Perdió un puesto con Trulli, pero se recuperó y le adelantó de manera apabullante. Eso sí, su vuelta rápida en carrera fue, directamente, de otro planeta, 1:21.504. ¡A menos de siete décimas de su tiempo de calificación! Y con la marca de la casa, velocidad sin demasiada cabeza. A dos vueltas del final. Ya veremos cómo ha quedado su motor para Bélgica. Sin el imprevisto de la segunda parada (24 segundos de ventaja antes de la misma para el R25), habría estado en duda el segundo puesto de Fernando. Tal es la diferencia entre ambos coches. Lo increíble es que el asturiano estuviera de verdad disputándoselo. Sólo hay que ver su vuelta más rápida comparada con la de Fisichella, le sacó cuatro décimas (1:22.146 por 1:22.587). Si el conjunto de la carrera fue un prodigio de tensión y lucha a degüello, la salida, que tenía todos los ingredientes para ser apoteósica, fue tan limpia como un duelo en la urba entre triciclos. Alonso se desentendió de Montoya y detrás, lo más reseñable fue el adelantamiento de Villeneuve a Raikkonen y el enésimo fallo de Mark Webber. Ya sin apodo, para qué. Se tocó con Coulthard y tuvo que parar en boxes a reparar el Williams. Antes de la primera chicane llegó a emparejarse con Kimi. Lo curioso de este golpe es que se produjo entre dos pilotos que están seriamente enfrentados. El escocés de Red Bull, que se pasea por las pistas desde que anunciaron su renovación, le ha dedicado a su rival unas hermosas palabras: "Mark será el primer campeón del mundo australiano... en boxeo. No entiendo su actitud en los circuitos". El caso es que Villeneuve, otra vieja promesa de las carreras, se convirtió en el obstáculo deseado por Alonso. Y estorbó lo suficiente para la escapada por delante del piloto español. Lástima que el canadiense se parara tan pronto en boxes. Después de los Ferrari, eso sí, que ayer terminaron en un bochornoso ridículo. Fuera de los puntos. Schumacher, décimo y Barrichello, duodécimo. Con una primera parada deportivamente suicida del Kaiser, en la vuelta trece. Y otra detención más del brasileño, bastante incomprensible, por otra parte. Volverán el año próximo por sus fueros, pero esta temporada se han quedado para hacer exhibiciones como los Harlem Globetrotters. La rueda de Juancho. Para terminar el relato de la carrera, hablaremos del apasionante subidón final. A seis vueltas de la conclusión, los tiempos por vuelta de Montoya comenzaron a hundirse de manera alarmante. Tenía la rueda trasera izquierda destrozada, con peligro serio de reventón. Con una imagen similar, a su compañero le hicieron meterse a boxes. Alonso volvió a poner las revoluciones que había quitado de su monoplaza durante unas quince vueltas y le recortó seis segundos y medio. El ambiente en Renault era tan tenso, que el aire podía cortarse. Pero no pudo ser. Triunfo de Juancho y promesa de no rendirse de Raikkonen: "Pese a que mis opciones por el título mundial no son buenas, seguiré luchando". Su empeño le honra. Él también será campeón algún día. Después del champán del podio, Alonso fue recibido con una cerrada ovación en su motorhome. Hasta los invitados eran conscientes de que, salvo que se produzca una catarata de desgracias, puede haber sentenciado ya el título. Renault salvó los muebles al perder un solo punto en constructores. Y llegó la foto de todo el equipo en boxes. Fisichella, con una bandera de Italia, y Alonso, con la de España. Siempre modesto en sus celebraciones, el asturiano se puso a ondearla y devolvió al viento el aliento de millones de personas que siguen sus pasos en la Fórmula 1, le idolatran y empujan cada fin de semana su R25. Hacia el trono que sólo 27 hombres en toda la historia de este deporte han logrado subir. Como heredero del Kaiser caído, Michael Schumacher. En Spa-Francorchamps, el trazado favorito del número uno de Ferrari, con su lluvia, la curva de Eau Rouge, y el peligro de las roturas de motor, puede producirse ya el relevo. |