|

El piloto español de Fórmula 1, además de
conducir seguro, invierte bien en "ladrillo". Su dos plantas compradas
en una céntrica torre de su Oviedo natal constituyen una buena prueba.
15 de agosto de 2005.
Según su círculo íntimo, tiene casta, carácter y una desmesurada confianza en sí
mismo. Está convencido de que nadie puede sacarle más partido que él al coche
que conduce. Y, según los expertos, tiene un talento natural, que el corredor de
Formula 1, Fernando Alonso, potencia con entrenamientos muy duros.
Además, a pesar de su carácter serio en los circuitos, tiene un carisma que
enamora a la gente. Y por si fuera poco, tiene buen ojo para las inversiones
inmobiliarias.
El popular que no se digne tener un pisito de postín
en propiedad no juega en la división de los very important people.
Tal vez por eso, Alonso decidió tirar de chequera y comprarse no un piso
sino dos inmensas plantas en una representativa torre del cotizado centro de su
Oviedo natal, pasarela habitual de señoras arregladas para ir de tiendas y
desfile de coches caros a última hora del día, cuando toca salir de cena o tomar
una copa. Un capricho es un capricho, aunque sea de lujo, y más si uno puede
permitírselo. No obstante, el ladrillo es una excelente inversión. Eso sí, se
supone que la cuantía pagada debió ser de vértigo.
Fuentes consultadas
hablan de un precio mínimo que rondaría los 4
millones de euros, 2 millones por cada una de las plantas adquiridas, que están
los precios del metro cuadrado por las nubes. Pero teniendo en cuenta que la
vida deportiva de un campeón de Fórmula 1 es limitada, no está de más ser
previsor y colocar bien el dinero merecidamente ganado como líder en los
circuitos y como líder de masas, porque la estrella de la escudería Renault es
uno de los responsables de que se disputen numerosas pruebas con el cartel de
"no hay billetes".
|