EL ULTIMO TITULO V10

A la espera de su gran premio de Fórmula 1, China disfrutó ayer con la ceremonia de apertura de los décimos Juegos deportivos nacionales. Luces y música en un ultramoderno campo de fútbol y un robot que aparece desde el aire movido por unos hilos para encender el pebetero. Todo un anticipo de los Juegos Olímpicos de 2008. Y un reflejo del país, porque detrás de esa fachada ultramoderna se encuentran muchísimas deficiencias, desde las libertades hasta su funcionamiento interno. El robot en cuestión se pasó de largo el pebetero y ni en las repeticiones de televisión parecía haberlo encendido. Al principio, en 1989, los V10, eran como China, un diamante por pulir. Ahora, 17 temporadas después, termina la etapa de los motores más completos de la historia.

Curiosamente, Renault fue, junto a Honda, el primer constructor en introducir la actual estructura. Y terminará esta etapa con un piloto suyo, Fernando Alonso, como campeón del mundo. Quién sabe si también con la corona de marcas. Al principio, Bernard Dudot, el padre de esta mecánica, se encontró con problemas de fiabilidad respecto a los probadísimos V8 (Ford, Judd), y el magnífico motor Honda que montaba el McLaren MP4/5. Eran fallos de juventud en el regreso de la marca a la competición. Del desfasado V12 que llevó Ferrari ese año poco se puede decir. Era potente, pero se rompía y resultaba muy pesado para tener un buen chasis. Pero el V10 era el futuro, porque tenía mucha más evolución por delante, como el tiempo se ha encargado de demostrar. La potencia máxima era por entonces de unos 650 CV y el diez cilindros de Renault no llegaba mucho más allá de las 11.000 revoluciones por minuto. Nada que ver con las más de 19.000 revoluciones y 920 CV de la actualidad. Ni siquiera la reducción de cilindrada de aquellos 3,5 litros iniciales a los tres litros de capacidad en 1996 pudo frenar su constante progresión. Los motores Renault han dominado en los V10, con seis títulos de pilotos, y, a falta de lo que suceda el domingo, seis de constructores. Doce en total, por los once de Ferrari, cinco de pilotos y seis de marcas. En el caso de la firma del rombo suministró a los dos mejores equipos de la época, Williams y Benetton.

Lo más triste será perder para siempre ese sonido brutal de los V10. Ya nada será igual, tal y como cuenta Dennis Chevrier, jefe de operaciones de los propulsores Renault: "Será muy emocionante cuando escuchemos cruzar la línea de meta por última vez a uno de estos motores. El sonido del V8 es muy distinto". Y sus prestaciones, también.