EL PREMIO

Hola a todos. El jueves pasado me encontraba de vacaciones en Florida, pasando unos días de descanso. Relajado, iba en pantalones cortos y camiseta, incluso estuve en Disneyworld... Y un día después, el viernes por la noche, estaba en un mundo completamente distinto. Con esmoquin y listo para participar en la gala del deporte en Mónaco. Llegué con mi mánager, Luis, a las 20:15. Había fotógrafos esperándome y los flashes me deslumbraron. Debo admitirlo: ¡No los echaba realmente de menos!

En primer lugar nos guiaron hasta la sala VIP. Pasamos media hora allí y hablé con gente que hacía tiempo que no veía. Pasé unos minutos agradables con Michael: hablamos sobre las vacaciones, la familia... de todo menos de Fórmula 1. También vi a Flavio, hablamos de 2006 y de los progresos del nuevo monoplaza.

Mi corazón comenzó a latir más rápido tan pronto como empezó la entrega de premios después de la cena. Ya sabía que la F-1 sería la categoría final y cada premio me acercaba más al gran momento. Kárting, dragsters, camiones, rallys... todo el mundo recibió su premio. Ver a los jóvenes chavales del kárting recoger sus galardones me hizo recordar mi propia carrera: veinte años de trabajo que llegaban a su culminación esa misma noche.

Más tarde nos dijeron a Flavio y a mí que nos levantáramos y nos colocamos en el escenario, tras el telón. Mientras, los invitados repasaban la temporada a través de unos vídeos. Pude mirarlos un poco y la sensación fue curiosa, ya que no suelo tener la oportunidad de mirar un gran premio desde fuera del coche.

Los acontecimientos se sucedieron con rapidez. Llamaron a Kimi y Michael al escenario para que recibieran los galardones al segundo y tercer clasificado. Las cortinas se abrieron.

Durante dos o tres minutos pusieron imágenes de nuestra temporada en la pantalla gigante, con una música de flamenco. Entonces la pantalla desapareció, y ahí estábamos Flavio y yo. Las luces me cegaron. La gente aplaudió. Entonces, lo vi de cerca, un bello trofeo brillando delante de mí. El Campeonato del Mundo. Lo levanté con los brazos, lo toqué, finalmente sabía que era mío: había culminado mi sueño. Flavio estaba haciendo lo mismo. Nos miramos el uno al otro: sonreía con fuerza, como yo.

Nunca olvidaré la gala. Después de la misma, no podía separarme del trofeo. Lo miraba maravillado de lo hermoso que era. Pensaba en mis compañeros de Enstone y Viry, que habían pasado el día juntos celebrando el título: no podía estar con ellos, pero les doy las gracias una vez más por su trabajo. Me llevó un momento entender lo que me estaba pasando, pero aún no he digerido esta experiencia. Soy el campeón del mundo...