SAN MARINO (motores y chasis)

El circuito de Imola, donde se disputa el Gran Premio de San Marino, plantea a los equipos una serie de exigencias únicas para intentar maximizar su rendimiento a lo largo del fin de semana de carrera. Presenta unas cuantas curvas rápidas, muchas pero cortas rectas, un asfalto relativamente liso y, por supuesto, sus famosos pianos que forman parte de la trazada a seguir. Así es como debe estar preparado el R26 de cara a este nuevo desafío. 

Suspensión: Imola es famoso por sus pianos, y por la exigencia de las chicanes de Variante Alta y Variante Baja. Debemos encontrar el compromiso adecuado entre contar con una suspensión lo suficientemente blanda para pasar los pianos, y una puesta a punto más rígida para garantizar una buena respuesta del coche en los cambios de dirección de estas chicanes. Algunos elementos del coche como el difusor o el alerón delantero pueden resultar dañados al subirse a los pianos, así que habrá que estar muy atentos a su estado en todo momento durante el fin de semana. 

Aerodinámica: Empleamos una carga aerodinámica relativamente alta para poder ofrecerles a los pilotos tanta confianza como sea posible en su coche. La escasa longitud de las rectas implica que los adelantamientos son complicados, así que el perder algo de velocidad punta no nos penalizaría en exceso si decidiéramos aumentar la carga aerodinámica. 

Neumáticos: El trazado incluye numerosas fases de fuertes aceleraciones, lo que significa que la tracción es un elemento importante y que tendremos que controlar en todo momento el nivel de desgaste de los neumáticos traseros. Sin embargo, Imola no es un circuito con un asfalto especialmente abrasivo, así que los niveles de degradación suelen estar por debajo de los que nos encontramos en otros muchos circuitos. 

Fiabilidad: El violento uso de los pianos vuelta tras vuelta somete a una tremenda presión a los coches, así que el número de abandonos en Imola suele ser a menudo bastante alto. También son altas las vibraciones generadas por ese uso agresivo de los pianos, y la transmisión puede llegar a sufrir mucho, sobre todo cuando los coches aterrizan tras subirse a los pianos con las ruedas en movimiento. Todo ello puede provocar averías. 

En la vertiente del motor, diremos que este es sometido a una gran exigencia en Imola. Necesitamos un buen par motor para salir de las curvas lentas, y por otro lado, las frecuentes fases de aceleración que presenta el trazado también implican que la potencia pura del motor sea un elemento clave. El 73% de la vuelta se completa con el acelerador pisado a fondo, es decir, uno de los circuitos más exigentes en este aspecto del campeonato. Sin embargo, el periodo más largo en el que el motor trabaja a máximo régimen es relativamente corto, así que la presión sobre las piezas en movimiento del motor como los pistones es razonable. La densidad del aire en Imola es más alta, lo que permite al motor desarrollar mayor potencia, pero también le somete a una mayor presión. 

La velocidad media del motor en este circuito es relativamente alta, pero el mayor peligro para el motor en este trazado viene en el momento en el que el coche pierde contacto con el asfalto al salir lanzado de su paso por encima de los pianos, lo que puede provocar que se pase de vueltas. Hay que intentar controlar este riesgo lo máximo posible utilizando el limitador de revoluciones de una forma adecuada, aunque sin comprometer por ello el rendimiento del coche a una vuelta. Sin embargo, en carrera, el uso excesivo del limitador de vueltas puede generar vibraciones en el motor que podrían ser nefastas. Así pues, les pediremos a los pilotos que modifiquen su cambio de marchas o que ajusten su trazada para intentar salvar este problema.