ADRIAN CAMPOS CUMPLIO |
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Adrián Campos se cruzó en la vida de Fernando Alonso cuando el
asturiano era un adolescente de 17 años para quien el karting se estaba
empezando a quedar pequeño. Ex piloto de F1 durante finales de los 80
(Minardi), cuando el valenciano dejó su carrera de deportista se juró
que algún día conseguiría llevar a un piloto español hasta donde él no
había podido llegar. Campos dirigía un equipo de monoplazas, el Adrián Campos Motorsport, en el que la estrella era Marc Gené. Aquel año, en 1998, el piloto de Sabadell dejaba el equipo y necesitaban a un talento que lo sustituyera. El valenciano, que siempre ha tenido una especie de sexto sentido para los pilotos, consideraba que el karting era la auténtica cuna del automovilismo y su intuición le decía que aquel joven asturiano de enigmática mirada tenía un potencial que no había visto nunca antes, en ningún otro piloto. Adrián tenía confianza ciega en Fernando y para sellar el trato con su padre que, por entonces era su único representante, se comprometió a financiar toda la temporada del piloto y a hacerle partícipe de una parte de los beneficios. No se equivocó. Alonso debutó aquel año en la Fórmula Nissan -las World Series actuales-, era su primer contacto con un monoplaza de 250 cv y cambio de marchas, pero parecía que Fernando llevara toda la vida al volante de una máquina así. A las tres horas sobre el coche, el asturiano ya rodaba en los tiempos de los más veteranos. Al final de la temporada, se proclamaba campeón. Hoy en día, a pesar de no estar unidos por ningún otro vínculo que un pasado común y una tensa relación, Adrián no puede evitar recordar con nostalgia aquellas temporadas en las que su joven diamante batía a todo el que intentaba interponerse entre su sueño y él. "Nadie es más rápido que él con el mismo vehículo, sabe exprimir al máximo cada coche. Además no tiene puntos débiles y funciona muy bien bajo la presión", asegura el valenciano a quien el bicampeón del mundo le debe su formación como piloto de monoplazas. Más allá de las enseñanzas deportivas, durante su época en el Adrian Campos Motorsport Fernando empezó a adquirir la forma física que exige el más alto nivel de competición automovilística. El asturiano consiguió reducir su nivel de pulsaciones en máximo esfuerzo, aumentó la masa muscular de su cuello y adquirió un espectacular dominio mental que, hoy en día, le ayuda a mantenerse tranquilo y afrontar con éxito situaciones de máxima tensión. El premio por haber ganado la Nissan fue probar un Minardi F1 en el circuito de Jerez. Una vez más, el asturiano dejó a todo el mundo con la boca abierta al hacer rodar el coche en los mismos tiempos que los pilotos oficiales. Tras el test de Jerez, a Alonso le empezaron a llegar ofertas de todas partes para la siguiente temporada. Finalmente, Fernando y Adrián dieron el campo a la F3000 -antigua antesala de la F1-, con el equipo Astromega. Fue un año duro, pero su victoria en el circuito de Spa le abrió de par en par las puertas de la F1. Su primer contrato en la categoría reina fue a los 19 años, con Minardi. A Campos le había costado mucho firmarlo porque sabía que podía llegar algo mejor. Efectivamente, no hizo falta mucho tiempo para que el piloto llamara la atención de otras escuderías. Meses después, el valenciano tenía sobre la mesa dos ofertas irresistibles por su piloto: Ferrari y Renault. El desenlace, de sobras conocido, significó la determinante irrupción de Flavio Briatore en la vida de Fernando Alonso. |